El PSPV dio ayer un nuevo paso en su ofensiva contra el plan del Cabanyal al vincular este proyecto con empresas que se han visto relacionadas con el 'caso Gürtel', aunque no se atrevieron a citarlo expresamente. En la presentación de una campaña que los socialistas van a poner en marcha, repartieron un folleto en el que, tras tildar de "sospechoso" el planeamiento municipal, se llega a afirmar que la prolongación de Blasco Ibáñez "podría beneficiar a empresas vinculadas al caso de corrupción más vergonzoso de la historia de la Comunitat" y se advierte de "turbios intereses" en la operación, sin concretar nada más. Todo ello se produce cuando aún está por admitirse a trámite la querella que presentaron contra los altos cargos del PP y en la que incluyeron a varias empresas. Los socialistas vuelven, por tanto, a repetir el error de dirigirse contra los empresarios, aunque a quien quieren atacar es a los populares, olvidando citar que algunas de las firmas aludidas también han trabajado para el Gobierno del PSOE. Esta reiteración en el error se produce, además, en unos momentos especialmente críticos para la economía española, cuando lo que se necesita es reanimar la producción y no lanzarse a la persecución de empresas.
La gratuidad de unas acusaciones de este calibre, en las que no se aporta ninguna prueba, y la alocada estrategia basada en lanzar la piedra y esconder la mano puede acabar volviéndose en contra de sus autores intelectuales. El PSPV tiene todo el derecho a defender su postura sobre el Cabanyal, si bien cuando tuvo responsabilidades de Gobierno en la ciudad prefirió dejar el planeamiento diferido, es decir, aplazó la solución. Pero pierde la razón al intentar desprestigiar a su oponente, el PP, con una táctica basada en la sospecha infundada, no en argumentos técnicos. De esta forma, su credibilidad queda muy tocada y su alternativa se evapora.







