La primera en la frente. Como en 2007. No hubo regata inaugural. La 33 Copa América aplaza su estreno hasta el miércoles... y ya veremos si es posible ver a los dos multicascos competir. Los partes son menos optimistas de lo que lo eran ayer.
Este es el invierno en Valencia. Inestable. Lo ha dicho por activa y por pasiva el director del comité de regatas, Harold Bennett: «Hay que tener paciencia». Los que no le hicieron mucho caso empezarán ahora a tener en cuenta la que puede ser una de las máximas de la regata: flema para aguantar.
Nada más bajarse del barco, Ernesto Bertarelli acudió a hablar con la prensa. Diez horas en el mar, frío y, para terminar de arreglarlo, comenzando a calarse por la lluvia: «Este es el motivo por el que no queríamos venir en febrero a Valencia. Pero estamos aquí, en febrero. Va a llover, el tiempo va a cambiar y tendremos que lidiar con la situación», soltó el defensor a modo de puyazo.
No es nada cómodo para nadie. El suizo se había levantado a las cinco y cuarto de la mañana. Se subió a su catamarán a las 6.30 horas y en él estuvo esperando a que se diera una salida hasta casi las dos de la tarde. Luego, vuelta a la dársena, a cincuenta kilómetros de donde estuvieron esperando a que se diera una salida. «Ir pa ná es tontería...»
A las cinco de la tarde terminaba la jornada en la que no pasó nada. Sólo un detalle: Alinghi, con viento ligero, tenía en su barco a 14 tripulantes mientras que el BMW Oracle sólo subió a su trimarán a diez regatistas. Y por cierto, no estaban ni Ellison ni Coutts. Esto habla bien de la capacidad de maniobra que tiene el velero norteamericano. La vela rígida necesita de menos gente en el barco porque las maniobras son más rápidas y sencillas. Cuatro tripulantes no es una mala cifra para los de Larry Ellison, quien, por cierto, se podría subir al barco al ver tamaña ventaja en el peso, en torno a unos trescientos kilos.
La regata no se pudo celebrar porque ayer en el Golfo de Valencia convergían dos brisas diferentes. Con un campo de regatas de 20 millas, como la distancia entre Valencia y Cullera, es casi imposible que se puedan dar unas condiciones justas. Pero es que ayer no hubo manera. Mientras en la salida se registraban seis nudos, en mitad del teórico campo no había nada que rascar y en la baliza de barlovento, más de doce nudos. Así no hay justicia que valga. Harold Bennett intentó esperar. Pero a las 13.40 horas una ligera lluvia se acercaba y en ese momento, tras hablar con los dos barcos, decidió devolver a casa a los tripulantes.
«Fue muy claro. Tuvimos algunas ráfagas de hasta seis nudos, pero no duró mucho. La dirección también fue al azar, sobre todo desde el oeste, pero no suficiente para una competición justa. El pronóstico no parece prometedor una vez que el viento sea variable, así que creo que fue una buena decisión la de suspender la carrera de hoy», dijo el único español en esta Copa América, Joan Vila, de Alinghi.
La siguiente oportunidad llega mañana. Pero el parte es peor que el de ayer. Si hay una opción será a última hora de la mañana, cuando el frente de viento y lluvia que hoy pasa por Valencia pierda fuerza. Si se alarga y la brisa térmica no aparece, es posible que se viva el segundo nulo en la competición.
Una buena noticia
Pero esta no es una mala noticia para la ciudad. La dársena se ha asegurado tras la suspensión de ayer regata hasta el viernes. Si hay otro 'gatillazo' o cada equipo gana una de las dos próximas mangas, la Copa llegará al domingo 14. Perfecto.
Y se regateará en domingo pese a que el Deed of Gift lo prohibe. Pero esta medida debe ser el único acuerdo que han adoptado los dos equipos en los últimos años. Bienvenido si se consigue estirar la fiesta hasta el día 14 y que Valencia vuelva a volcarse con la Copa América como ya lo hizo el domingo pasado con la fiesta de inauguración.